Presentación

SI TU NOMBRE ES VACA
TIENES QUE TENER UBRES Y LECHE.
MAS SI NO TIENES NI UBRES NI LECHE
NO VALE UN HIGO
QUE  TE LLAMES VACA. (W. Majakowski, 1929)

Que caigan los saqueadores, que se aparten los apoltronados.
Oxigenar la organización, pasar a la ofensiva.

Parte 1ª) CRISIS SISTÉMICA Y ALTERNATIVA

El capital financiero ha puesto a punto una  mega máquina social que representa el mayor generador de inseguridad socio-económica que el mundo moderno haya conocido hasta ahora y también el factor central de la degradación de la civilización-mundo. Lo que  en el año 2008 se empezó a evidenciar sin tapujos y de forma traumática  es la crisis del  modelo de acumulación de los últimos treinta años. Tras haber arruinado súbitamente las estructuras sociales y la vida privada de decenas de millones de personas ahora también en nuestros países europeos, la humillación política se suma a la destrucción civil y económica.

Es necesario entender en profundidad los mecanismos, los conflictos y los procesos que operan en el curso de enormes  «transformaciones hegemónicas» como la que estamos viviendo. Creemos que un sector dirigente de Izquierda Unida todavía  no ha entendido lo que está en juego.

Crisis global y oportunidades de ruptura

La crisis del capitalismo senil no es solo económica y financiera. Es, al mismo tiempo, cultural, energética, alimentaria, migratoria y ecológica: de civilización. Aumentan también las tensiones geopolíticas;  existe una posibilidad cada vez más real de colapso de las que se llamaron “sociedades industriales”.  Ni siquiera la cuestión  es “decrecimiento o barbarie”, ambos serían perfectamente compatibles. La cuestión está en quién, cómo, en qué plazos y con qué intereses se va a gestionar este relativo declive de la “centralidad” de esta  Europa decaída.

La crisis y su gestión por parte  de los “encargados” políticos del régimen va a quebrar, ha quebrado ya, la legitimidad ficticia de  este modelo y posibilita la ruptura con una fase histórico- económica cuyo actor principal ha sido y es una oligarquía corporativo financiera  internacional que realiza su actividad económica de forma esencialmente especulativa, absolutamente supeditada a su “instinto de clase” y despiadadamente desprovista de “complejos” y deshumanizada.

Su accionar determina dinámicas destructivas tanto a nivel global como  en lo más cercano y doméstico. Por ejemplo, la deportación de poblaciones (de hombres, de mujeres y de niños), que tradicionalmente afecta a nuestra comunidad autónoma hoy se perpetua, además de en el paro masivo y en el socavamiento de la actividad productiva local, a través de la lenta erosión de los servicios fundamentales para quien habita Castilla y León: la supresión de servicios clínicos en los hospitales, el debilitamiento de la atención primaria; la reducción de la oferta educativa pública y universal de calidad; la supresión de los juzgados locales; la privatización de las oficinas de correos; el desmantelamiento del servicio de trasporte público de cercanía sobre ruedas o de ferrocarril; la renuncia a crear las comarcas y a la profundización de las mancomunidades reforzando las nefastas diputaciones provinciales;  las imposiciones últimas de normativas como la siniestra Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local (30/12/2013) que pretende no sólo de abolir las empresas públicas municipales y laminar el poder de las entidades de gobierno local, privatizando todo bien público y común, sino también impedir la posibilidad misma de hacer reversibles esas imposiciones.

En esta situación en la que nos encontramos, así pues, y con el colapso ante nuestros ojos, y no como posibilidad, sino como principio de realidad, es urgente recuperar nuestra capacidad analítica y de acción. Las zonas de confort – es decir, la creación de una clase media y de un centro político con capacidad de intermediación entre sectores polarizados – son cada vez menos y los sectores sociales en situación de marginalidad y exclusión total son mayores, coexistiendo éstos, además, en un contexto de corrupción y violencia estructural sin parangón en la historia del régimen post-transición. ¿Qué hacer, pues, en este escenario?

Es aquí, en esta enorme grieta, donde  una competente y eficaz fuerza  anticapitalista y revolucionaria  tendría que saber actuar: para liberar la inteligencia social de  la subordinación ideológica generada por un mecanismo económico social despiadado, explotador y contradictorio que solo sabe justificarse suprimiendo sistemáticamente las alternativas, imponiendo  circularmente como fin colectivo su propia supervivencia y la de sus privilegios.

Es el momento de que las propuestas políticas y organizativas que Izquierda Unida ha ido elaborando en estos años empiecen a materializarse de forma perentoria y a ser practicadas  de modo generalizado y contundente, dando respuestas válidas aquí y ahora.
Con el despliegue de la crisis, se abrió un campo inmenso de intervención política y social que, sin embargo,  no estamos siendo capaces de maximizar en beneficio de las mayorías sociales duramente golpeadas, quizás por miopías, inercias y lentitudes.

Frente a la ideología todavía dominante del crecimiento infinito, lo que proponemos es asumir, sin más dilaciones,  el rumbo de una potente ideología comunera, cooperativa y solidaria y de unas prácticas capaces de sustituir “la ideología de la muerte de las ideologías”. Una ideología y una praxis renovadoras  que reconstruyan los derechos sociales y laborales,  combatan contra la exclusión y la desigualdad, rechacen la propiedad privada como derecho fundamental y que, mediante tipos de luchas muy diversos y vinculadas muy profundamente a sus contextos, debe intentar convertirse en hegemónicas en el Estado español y entre los pueblos de Europa y del mundo.  Para esto nos gustaría que sirviera IU y con este propósito y ánimo militamos en ella.

¡La crisis está madura! ¡Contemporizar se convierte en un crimen!

Sin embargo, algunos miembros de nuestra dirigencia se ha dedicado en los últimos años a acomodarse, a la búsqueda del “reconocimiento” de ser líderes “responsables”, en la creencia de que ser un “gran político” era ser como “ellos”: ignorar sus propias bases y desconfiar de ellas,  cenar en los mismos restaurantes que “ellos”, contestar con las mismas fórmulas vacías a una “agenda” marcada por otros en unos medios de información monopolizados y facciosos, aceptar el mercadeo de “favores”, gestionar de la misma manera cajas de ahorros y fundaciones o proponer extrañas “placas” para franquistas  en Madrid…

Es como si hubiéramos asistido a una rendición de parte de nuestros generales sin plantear batalla, en muchos casos asumiendo sus cargos de modo conformista y acomodaticio, con una visión inmóvil e indolente.

Con tales ejemplos, por contagio podríamos decir, frecuentemente la capacidad militante de nuestros asociados se ha esclerotizado y ha dado vida a una delegación inerte.  Un complaciente anhelo consensual mezclado con la intriga ha pasado a sustituir el debate, la formación  y la complicidad con la  lucha de los compañeros  y, por añadido, ha  impedido completamente un serio análisis crítico de la naturaleza y de los mecanismos de la democracia representativa en las formas actuales del poder burgués. Así también, hasta hace muy poco tiempo, y sólo gracias a las sacudidas del 15 M, del 25 S y sobre todo las Marchas de la Dignidad, ha faltado completamente la capacidad de llevar a cabo una rigurosa crítica de la economía política de la Constitución española de 1978.

Con el X Congreso esto parecía estar encaminado de superarse, pero todavía no estábamos en condiciones de hacer cumplir lo que se había decidido…

Pero, hasta aquí hemos llegado,  ya no  aceptamos más estar condenados a actuar, incluso en nuestra propia casa,  con sometimiento a una política pervertida que no nos interesa ni nos representa: esa política sórdida concebida como acomodo entre “notables” y entre corrientes donde desaparecen ideales, objetivos de clase e ideología;  donde todo se reduce a una supuesta  gestión técnica;  basada en liberados vitalicios y sin merito; como serie de intrigas de palacio para hacerse con el “trofeo“ organizativo  y como un espacio aislado de los demás  ámbitos de la organización social (educación, trabajo, vida social, etc.)

La intervención política es incomprensible e imposible, a día de hoy, sin nutrir a los movimientos sociales de la tradición intelectual y cultural que ha inspirado a IU como partido desde sus orígenes. Y aquí, precisamente, es donde Izquierda Unida debe re-situarse, tanto a nivel social como político-institucional, para poder ser identificada realmente como una herramienta de emancipación y contra-poder irrenunciable para el grueso de la clase trabajadora española, europea e internacional.

Pautas tradicionales de conducta como el personalismo, la competitividad, la complacencia en la marginalidad auto-satisfecha, la complacencia teórica, analítica y discursiva y la persistencia de imaginarios y prácticas patriarcales deben dar paso a dinámicas comunitarias de reflexión y diálogo, al trabajo de base, a la confianza, a la audacia en la creación de escenarios favorecedores para potenciales dinámicas de cambio y a la discreción sin afán de dejarse engullir por el lenguaje y el deseo de reconocimiento personal que brindan los grandes medios de comunicación.

El electoralismo cortoplacista nos ha demostrado su esterilidad. El afán de control de los puestos de responsabilidad en la estructura orgánica interna del partido ( el control del aparato considerado como botín) también. Una política fresca, dinámica y audaz debe sustentarse, al mismo tiempo, en serios procesos de cambio interior en los sujetos, así como en el enriquecimiento mutuo y recíproco a la hora de compartir enfoques analíticos y propuestas de orden pragmático.

El Bloque Político y Social  que es necesario consolidar, deberá más bien moverse hacia una organización con la capacidad de conseguir que realidades diversas se conecten, dialoguen y actúen de común acuerdo. En el liderazgo será fundamental la capacidad de persuasión y traducción, el arrojo y la habilidad de “hilvanar”, “coser” y garantizar complicidades.

Desde esta actitud vital y con este espíritu, la convergencia que anhelamos tiene como objetivo la creación de formas organizativas realmente incluyentes, lo cual no es incompatible con la firmeza en la afirmación de la necesidad de un horizonte anti-capitalista y humanizador, ni tampoco con un honesto ejercicio de memoria histórica. Participar, en política, trasciende la mera afiliación de partido y la subordinación a la auctoritas de los cargos orgánicos.

Así mismo,  ha quedado claro que los debates sobre el eje Derecha-Izquierda pueden llegar a ser totalmente estériles y desviantes, si se utilizan para esconder las verdaderas contradicciones en juego: las existentes entre Explotadores y Explotados; entre Saqueadores y Saqueados; entre Dominadores y Dominados. ¡Tiene miga que tengan que venir los profesores universitarios de Podemos para, de forma muy ambigua, recordárnoslo!

El mercado tradicional de la política frente a esto no ofrece alternativas creíbles: ahora entrarán en juego diversos populismos que no intentan invertir la ruta sino tranquilizar (o azuzar, que es lo mismo) a los pasajeros de un avión que tiene piloto automático programado por la Troika. Se trata de todas esas propuestas que prometen ahora tutelar sectores particulares de la población frente a otros: defender a los “indígenas” de los inmigrantes, a los adinerados del asalto de los pobres, pero también a los ciudadanos de la casta de los políticos. Quien pretende lo último, obviamente, tiene unas características diferentes, pero también merece estar adscrito  a la categoría de los populismos.

En cualquier caso, izquierda hoy significa muy poco si no vamos a enfrentarnos a algunas cuestiones clave, si seguimos viendo en el capital una fuerza “modernizadora”, si cultivamos una idea política que se funda sobre la personalización o, peor, si todavía cultivamos la ilusión de la llamada recuperación económica o del “crecimiento”.

Desde Izquierda Unida no creemos que haya que estar pasivamente en espera de la catástrofe, sino mirar la realidad. Hay que recalcar la inaceptabilidad de este sistema inhumano y monstruoso donde, por ejemplo, 85 multimillonarios poseen la misma riqueza que tres mil millones de personas,  donde se entrega al sistema bancario cien veces lo que sería necesario  para salvar a millones de niños de una muerte segura o, donde frente a miles de desahuciados se entregan las viviendas de protección oficial a los fondos buitres. Hay que explicitar que se trata de una maquina desbocada y desalmada que es necesario  parar a toda costa. Hay que insistir en la necesidad de  volver a “educar” en la solidaridad, la complicidad, la amabilidad, pero también a la práctica política valiente y contundente. Solo el regreso masivo a la Política y la participación ciudadana activa pueden crear en nuestra formación social los anticuerpos suficientes para que se deje de aceptar de una vez el orden existente y la impostura de los grandes relatos que lo justifican.

Es evidente que se  hizo una lectura errónea por parte de un sector de IU del surgimiento de Podemos, como conclusión lógica de toda una serie de incapacidades ideológicas, organizativas y políticas. Nosotros/as queremos cambiar el país, apostar por la ruptura democrática y por un proceso constituyente, y si no somos parte del proceso lo intentarán otros sujetos político-sociales. En relación con los cuales no tiene sentido asumir actitudes de “superioridad” o de improductiva “competencia”, sino más bien el criterio de aceptación de la pluralidad. En cualquier caso, no podemos seguir haciendo procesos a medias, en clave interna, preocupados por la correlación de fuerzas que determina una dirección política que no entiende o no quiere entender el momento histórico.  La militancia, los votantes y simpatizantes son los que han de marcar la hoja de ruta del partido.

La revolución empieza por casa

Para que los gobiernos realicen y practiquen políticas contrarias a los intereses mayoritarios tienen que ser corrompidos, anulados y sometidos. Gobernar termina siendo, en la Unión Europea del euro, el arte para conspirar contra los ciudadanos y formar parte de la antipolítica organizada desde la cúspide del poder corporativo y mafioso de las finanzas. (Manolo Monereo).

En estos días en los que asistimos al principio real del  hundimiento del bipartidismo, con un Partido Popular quebrado por la inmoralidad y la corrupción, se está viendo también de forma bochornosa que IU tiene un aparato de partido incapaz de reaccionar a tiempo en cuestiones tan vitales y básicas como llegar hasta las últimas consecuencias en el tema de las llamadas tarjetas black y las fundaciones ligadas a Bankia.

Incluso los hay que son cómplices: la arrogante posición de la Ejecutiva de IU Madrid hecha pública el día 11 de noviembre es paradigmática en este sentido. No vale con entregar la cabeza, ya cortada, de Moral Santín y un chivo expiatorio como Antero. Aunque puedan estar limpios penalmente es el conjunto de militantes que dirigía la organización en esos momentos el que tiene que dar colectivamente un paso atrás. En eso está la diferencia de la coalición de partidos que es IU del resto de partidos del sistema, y esa es la diferencia que hay que demostrar sin estar callados y esperar a que escampe el chaparrón.

Por eso tiene que caer un aparato que se ha demostrado insensible e incapaz de gobernar con sentido común y que no ha percibido que de ninguna manera es tolerable que las siglas de IU amparen o se asocien a quienes han abusado miserablemente de la ciudadanía,  faltándole totalmente al respeto. Lo que se pide nada más ni nada menos es aplicarnos a nosotros mismos lo que exigimos a otros. Exigimos la depuración ejemplar de responsabilidades políticas al considerar evidente que los coordinadores generales y otros prohombres – que eran los máximos responsables de IUCM – no se opusieron, por acción u omisión, a las prácticas fraudulentas, clientelares, especulativas y antisociales de esas entidades.

Izquierda unida necesita renovación, cambio de caras,  de discurso y de práctica política. Izquierda unida necesita aprender nuevos métodos para relacionarse internamente y externamente con su electorado, militantes y simpatizantes. IU es nuestra herramienta de trasformación social y política, lo hemos demostrado muchas veces y no estamos dispuestos a que se la dañe.

Así reza el llamamiento Ahora es el Momento, hecho público el pasado mes de junio – y que nosotros suscribimos – : “Hay que saber comunicar determinación y energía para lo fundamental, ser pueblo y ser útiles a nuestro pueblo como actor de transformación social, pero esto implica que no es posible volver a hacer cambios cosméticos y de lavado de cara para mantener la posición política. La refundación fue un proceso inconcluso por las resistencias de una parte sustancial de la dirección federal, y el proceso de construcción de Bloque Político y Social no se pudo desarrollar por error de posición política.

No es posible desarrollarlo si hacemos candidaturas sin implicar a las bases, si el perfil de las candidaturas no representa a los nuevos sujetos sociales y políticos que determinan en gran medida la agenda política y social contra el saqueo del país, si nuestro discurso anti Troika y anti bipartidismo no es en sus fundamentos políticos coherente, y si entre el eje
ruptura democrática y el esquema de las élites “derecha-izquierda”, apostamos en ocasiones por el segundo generando una contradicción evidente entre teoría y práctica.

Izquierda unida apuesta por un proceso constituyente fermentado desde las bases. Apuesta por la creación de nuevas reglas de juego y por finiquitar la actual sumisión del estado español a las transnacionales globales, a la OTAN, a la Alemania de Merkel y a los gobiernos de la Troika. Izquierda Unida exclama un rotundo NO a los recortes en servicios públicos y en derechos y libertades fundamentales. Exclama también NO al pago integral de la deuda exterior de España. Desde esta negación de lo existente emana la afirmación de alternativas : Liderar un proceso constituyente desde la sociedad  dotándonos de herramientas para ello, proponiendo un modelo de Estado federal posible y un modelo productivo y energético y alternativo, lo cual será imposible si no nos vemos a nosotros mismos como sujeto político soberano en su propuesta y potencial materialización. (.)

A pesar de las ambivalentes posiciones de algunos de nuestros dirigentes, así como de las intrigas de palacio y la exasperante lentitud en la toma de decisiones, hemos persistido en nuestra labor militante en IU – Asambleas locales, puestos de trabajo, barrios, plataformas anti desahucio, campañas de solidaridad con Gaza, oposición a la Ley de racionalización y sostenibilidad de la Administración Local, asambleas ciudadanas, oposición al futuro TTIP y al fracking , empoderamiento social de inmigrantes, edición de boletines y panfletos.. etc. – y hemos complementado el trabajo y la presencia continua en la calle sin abandono de la política institucional. Es cierto que el bombardeo de informaciones y su ambivalencia a la hora de ser interpretadas y organizadas por la militancia ha creado desconcierto a la hora de posicionarse ante toda esta avalancha de demandas sociales, y por ello, precisamente por ello, hoy, más que nunca, la labor de análisis, debate mesurado y creación colectiva de herramientas y propuestas, debería ser la seña de identidad de Izquierda Unida. (.)

Las propuestas que, a día de hoy, están surgiendo a lo largo y ancho del país – Ganemos -, así como las nuevas formaciones políticas que han surgido – Podemos – y las alianzas recientes con excelentes resultados en otros territorios del estado – AGE -, son un indicador de que desde las estructuras del régimen post-transición están germinando alternativas y sujetos políticos que apuestan por una firme ruptura con el mismo.

Unidad Popular y estrategia de Convergencia

¿Pero qué entendemos por Convergencia en Izquierda Unida?  Por convergencia entendemos la oportunidad histórica de pasar a la ofensiva. Entendemos una apuesta para la confluencia y construcción de un Bloque Político y Social cuya naturaleza se esboza en nuestra décima Asamblea Federal. Apostamos, así pues, por la creación de una cultura política radicalmente democrática y municipalista que emane desde la sociedad  y del impulso local.

En nuestra opinión hemos de converger y confluir en las candidaturas ciudadanas. En primer lugar, porque la situación es de extrema urgencia en el país, Castilla y L eón y provincias. En segundo lugar, porque forma parte de nuestro ADN como organización. En tercer lugar, porque hemos de entenderla no como un refugio de la marca IU ante la irrupción de una nueva fuerza política, sino como una herramienta puesta al servicio de la mayoría social. En cuarto lugar, porque estas candidaturas ciudadanas nos permiten aumentar la propia representación de IU y, además, introducir nuevas personas y movimientos en las instituciones. En quinto lugar, porque el propio programa que se cree desde abajo y de forma participada puede guardar gran similitud con el que presentaríamos como IU. Y en sexto lugar, y no menos importante, porque en esas candidaturas vamos a trabajar codo con codo con personas de clase trabajadora con problemas muy parecidos a los nuestros y estaremos creando unidad popular. Difícil, sí, pero no por ello menos necesario.

En este sentido, y teniendo en cuenta que podemos avanzar a un horizonte electoral en el que nuestras siglas, nuestra marca o nuestro logo puedan desaparecer, sí que queremos apuntar que esto no tiene porqué suponer una pérdida de nuestra identidad. La sigla IU es muy importante pero no es decisiva. Los hombres y mujeres de IU hemos de dar ejemplo en los procesos de Confluencia, apostar por ella con nuestro programa y nuestro trabajo. Consideramos a IU, ante todo, como un instrumento para la transformación social  y como una larga y perseverante lucha por los más esenciales derechos democráticos en la que muchas personas han dejado sus energías y esperanzas.

Estamos en tiempos “revolucionarios”, ya no valen las medias ocurrencias. Ya no es el momento de equilibrismos ni de “estabilizar” nada. Por ende, por lógica pura, aunque  los cargos orgánicos de los dirigentes internos de IU son por cuatro años, se pueden y se deben revocar cuando toca pasar a la ofensiva, dar ejemplo de humildad, de coherencia en definitiva con un proyecto de país nuevo, con la nueva forma de hacer política.

Lo que debemos de ir construyendo colectivamente es el  sujeto políticoorgánico” (en el sentido de su vinculación de clase) de la posible revolución española, el verdadero actor de trasformación del país. Con toda probabilidad, si nuestra tarea tiene éxito, su característica fundamental será la pluralidad: en el confluirán sectores más próximos a lo que tradicionalmente ha sido la socialdemocracia, comunistas de diversos recorridos e historias y los nuevos/as militantes, forjados en las luchas sociales que se están combatiendo en estos mismos días.

Ahora es el momento histórico de abrir una nueva etapa en el país e desde Izquierda Unida vamos a demostrar que estamos capacitados para ello.

Nuestra acción no debe ser una reacción sino una creación.

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